Hablar solo de ventajas sería propaganda. El software libre tiene riesgos reales, y merece la pena mirarlos de frente: qué pasa si el fabricante desaparece, si cambia la licencia o si el proyecto se divide.
Los escenarios que suelen citarse como riesgo y qué pasa en cada uno.
En propietario te quedas sin soporte ni actualizaciones: nadie más tiene el código. En libre, el código publicado permite que una comunidad o una fundación continúe el desarrollo.
Puede ocurrir: un proyecto pasa a licencia restrictiva o mueve funcionalidad a una edición de pago. El código ya publicado sigue siendo libre y la comunidad puede bifurcarlo.
Una comunidad dividida avanza más despacio, sobre todo en proyectos pequeños. Con gobernanza clara y respaldo empresarial, una rama concentra el uso y las demás se apagan.
El ejemplo clásico
Netscape, con problemas económicos, liberó su código en 1998. La empresa acabó absorbida, pero el desarrollo continuó a través de la Fundación Mozilla y dio lugar a Firefox, que sigue vivo décadas después. En los otros dos supuestos el riesgo no es quedarse sin nada, sino decidir a qué rama te apuntas y asumir el coste del cambio.
Los inconvenientes cotidianos pesan más que los escenarios extremos.
Excelente en las partes populares, escasa en las menos usadas.
Que un módulo exista no significa que esté mantenido. Hay que comprobar para qué versiones vive y quién lo actualiza.
Si no contratas a alguien, el soporte es la comunidad, con sus tiempos y su buena voluntad.
Cada versión mayor obliga a revisar los desarrollos propios. Cuanto más código a medida, más caro cada salto.
La calidad de los implantadores es muy heterogénea, y el resultado del proyecto depende más de eso que del producto.
Reduciendo el código a medida al mínimo imprescindible, eligiendo módulos con mantenimiento demostrable —los de la OCA suelen serlo— y acordando por contrato quién actualiza qué y con qué plazos.
La mayoría de los sustos de un ERP libre vienen de desarrollos propios sin dueño.
La otra cara, quién sostiene el proyecto y la decisión que más pesa.
El efecto sobre el tejido económico local y por qué el dinero público no debería comprar cien veces el mismo producto.