El debate sobre si el software libre está a la altura del propietario lo alimentan, sobre todo, las empresas cuyo modelo de negocio depende de vender licencias. Conviene ponerlo en su sitio, porque la comparación de partida está mal planteada.
Técnicamente, la única diferencia entre software libre y software propietario es su licencia de uso: la libre permite distribuirlo y entregar el código al cliente final. Nada en esa licencia determina si el programa está bien o mal hecho.
No es una cuestión de calidad. Comparar «software libre» con «software propietario» como si fueran dos categorías de calidad es un error de raíz: hay software libre excelente y penoso, igual que propietario.
Lo que sí hace la licencia libre. Da una ventaja competitiva a quien la adopta: liberar tu producto te aporta comunidad, transparencia y confianza. Ese cambio resulta impensable para muchos fabricantes con un producto propietario bien posicionado, porque su ingreso depende de que no se pueda hacer.
La diferencia real entre libre y propietario es la licencia, no que uno esté mejor hecho que el otro.
Cuatro consecuencias prácticas de adoptar una licencia libre.
Si el servicio no te convence, cambias de empresa implantadora y te llevas el sistema. El producto no es de nadie en exclusiva.
El código está disponible. Puedes auditarlo, verificar qué hace con tus datos y adaptarlo si lo necesitas.
Sin licencias por usuario, la inversión se dedica a analizar tus procesos, configurar y formar.
Si el fabricante desaparece o cambia de rumbo, el código liberado permite que otros sigan manteniéndolo.
El software libre no es gratis de implantar, no se configura solo y no elimina la necesidad de un buen proveedor. Un proyecto de ERP sigue costando análisis, tiempo del equipo y formación. Quien venda lo contrario está vendiendo humo, con licencia libre o sin ella.
El software libre se configura, se implanta y se mantiene como cualquier ERP. La licencia no evita el trabajo del proyecto.
No es «¿libre o propietario?», sino «¿qué pasa dentro de cinco años?».
Con quién estaré atado, cuánto habrá subido la cuota por usuario, quién podrá tocar mi sistema y qué me llevo si me voy. Ahí es donde la licencia deja de ser un detalle técnico.
La otra cara del balance y los matices que conviene conocer.
Cómo se traducen en calidad, costes y capacidad de decidir sobre tu propio sistema.