Lo que cambia al implantar un ERP integrado no se ve en la lista de funcionalidades: se ve en las horas que deja de perder cada persona. Este es el tipo de transformación que describe cualquier proyecto que sale bien.
Ejemplo ilustrativo: la situación describe el patrón típico de empresas que llegan a un ERP integrado, sin identificar a ninguna compañía concreta.
Una fábrica que arrancó en los años ochenta y fue creciendo hasta superar los cuarenta empleados y varios miles de líneas de pedido al día. Con el crecimiento llegó el mosaico habitual: una aplicación para la logística, otra para facturar, hojas de cálculo para el seguimiento comercial, un gestor documental por su cuenta y el correo como pegamento de todo.
El director financiero se pasaba el día haciendo de puente entre sistemas: creaba facturas a partir de los datos de la aplicación logística, cuadraba a mano los datos analíticos, preparaba informes copiando cifras de tres sitios distintos y procesaba los pagos en la aplicación del banco. Nada de eso aportaba valor; todo eso ocupaba su jornada.
Jornadas enteras dedicadas a mover datos entre sistemas en lugar de aportar valor.
Cuando la información vive en un solo lugar, el trabajo repetitivo desaparece.
Las facturas nacen del pedido y del albarán. Nadie las vuelve a teclear a partir de otro sistema.
No hay que fabricarlos cada mes: se consultan, y de cualquier cifra se baja hasta el documento origen.
Un descuento fuera de política o un vencimiento impagado generan la alerta sin que nadie la recuerde.
El tiempo que se iba en mover datos se emplea en analizarlos, que es para lo que se contrata a esa gente.
Este efecto no aparece el día del arranque. Los primeros meses son de aprendizaje, con datos que hay que depurar y hábitos que cambiar, y casi siempre hay una fase en la que parece que se trabaja más que antes.
La diferencia entre los proyectos que llegan al efecto y los que se quedan a medias no suele ser técnica: es que alguien dentro de la empresa lidera el cambio y se sostiene la decisión durante esos primeros meses.
Cómo saber si vas bien: a los seis meses, pregunta a las tres personas que más tiempo dedicaban a mover datos entre sistemas si siguen haciéndolo. Si la respuesta es que sí, no hay problema de software: hay procesos que se implantaron a medias.
Cómo se compara Odoo con los ERP propietarios y con el resto de alternativas libres.