Una persona y una IA han clonado en una semana lo que Adobe, Autodesk y Microsoft tardaron décadas en construir

El 30 de septiembre PhotoCraft no existía. Hoy son doce aplicaciones y más de 66.000 estrellas en GitHub: reimplementaciones open source en Rust de Photoshop, AutoCAD, Word y otras nueve, hechas por una persona con una IA en una semana. La hazaña, sus límites y lo que viene detrás.

Una persona y una IA han clonado en una semana lo que Adobe, Autodesk y Microsoft tardaron décadas en construir

Hace unos días PhotoCraft no existía. Hoy es solo una de las doce aplicaciones que un único ingeniero ha publicado en GitHub bajo el paraguas ArtCraft: reimplementaciones open source escritas en Rust de Photoshop, Illustrator, Premiere, Lightroom, Acrobat, After Effects, InDesign, AutoCAD, Word, Excel, PowerPoint y Audition. El anuncio saltó primero en Reddit y desde entonces los repositorios no han dejado de acumular estrellas: más de 66.000 entre todos, en menos de diez días.

La herramienta que ha hecho posible la hazaña no es un equipo de ingenieros. Según recoge PetaPixel, detrás está Brandon Thomas, un ingeniero de software que durante aproximadamente una semana usó Claude Opus 5.5, el modelo de Anthropic. Los commits llevan la co-autoría de la IA sin complejos. Y el código es de verdad público: la organización completa está en GitHub, con licencia MIT o Apache-2.0 según el repositorio.

Esto no es una maqueta para screenshots

Vale la pena insistir en esto porque lo normal en este tipo de anuncios es una demo sin funcionalidad. PhotoCraft, la reimplementación de Photoshop, abre, edita y guarda PSD reales: al volver a guardar un documento mantiene el render correcto de 307 de los 309 ficheros de la suite de pruebas psd-tools. El compositor corre en GPU vía wgpu (Metal, Vulkan, DX12, WebGPU), funciona en macOS, Windows, Linux, FreeBSD y en el navegador, y puede trabajar offline.

Hay un detalle más que resulta profético: la aplicación está pensada para agentes. Cada acción de la interfaz es un comando, y el mismo motor se puede conducir desde la propia UI, desde la terminal, por un canal de control JSON o por un servidor MCP. Photoshop, con treinta años de ecosistema de plugins, no puede decir lo mismo.

Los peros, porque los tiene

El primero es de honestidad técnica: el proyecto se declara en early alpha, y quien ha probado el clon de Lightroom lo resume bien en el hilo de Lobsters: no es una descompilación de Adobe, es un intento desde cero de conseguir que una IA escriba una aplicación funcionalmente parecida, y aún le queda mucho trabajo. Se puede abrir un PSD y tocar ajustes; no se puede plantear aún sustituir el flujo de un estudio profesional. Ojo, tiene apenas unos días.

El segundo es legal. El proyecto se autopresenta como "clean-room", reimplementación limpia que no copia código ni activos protegidos. Pero un clon escrito por un modelo que ha sido entrenado con ese mismo software, sus manuales y miles de capturas de su interfaz cumple esa definición solo a medias: la comunidad no se pone de acuerdo en si esto es una reimplementación legítima o un lavado de licencias, y el debate está servido en Lobsters y en Hacker News. A fecha de hoy, Adobe no se ha pronunciado. Lo que pase con este proyecto marcará precedente.

El tercero es la licencia: es libre, sí, pero permisiva. Cualquiera puede coger el código mañana, cerrarlo y venderlo, y la licencia no lo impedirá. No es el copyleft que a algunos nos gustaría ver en un proyecto con esta ambición.

El cuarto es el más interesante. ArtCraft tiene página de precios y cobra suscripciones: entre 8 y 48 dólares al mes por créditos de generación de imágenes y vídeo con modelos de terceros (Nano Banana, GPT-Image, Seedance, Kling). El software en sí es gratis, funciona offline y no hace falta cuenta. La noticia está en el detalle: el editor se regala; lo que se vende es el cómputo.

El valor ha salido del código

Durante cuarenta años, la barrera de entrada del software profesional fue el coste de implementarlo. Photoshop son décadas de ingeniería acumulada, y ese coste era lo que justificaba la suscripción y las licencias: una copia costaba lo que costaba construir el original. Hoy la copia funcional cuesta una semana y una API. Todavía es imperfecta, pero el argumento económico se ha roto: la mejora ya no depende de que aparezca un competidor con cientos de millones detrás, basta una persona con una semana y una idea.

El mundo del ERP ya vivió esta transición. Cuando el producto se liberalizó, el dinero dejó de estar en la licencia y se mudó a la implementación, el soporte y los servicios. Odoo Community lleva años demostrándolo: el ERP completo, gratis, con código abierto, y un ecosistema entero que factura por hacerlo funcionar en cada empresa. Lo que este experimento de diez días sugiere es que esa película va a proyectarse ahora en cada categoría madura del software: ofimática, CAD, edición de vídeo, diseño.

La escena inicial de una película que ya hemos visto

Nadie sensato va a abandonar mañana o AutoCAD por estos clones. Pero no tardará mucho en resolverse el último veinte por ciento del proyecto, el de la fiabilidad profesional, los plugins y el soporte. Las respuestas de las multinacionales editoras se pueden adivinar: más candado en los formatos propios, más funciones atadas a su nube y a su propia IA, más abogados, más compras de posibles competidores.

El ciclo se repite como siempre, con una diferencia: cualquiera puede sentarse a la mesa por el precio de un fin de semana y una API.

Cuarenta años construyendo el foso. Una semana para rodearlo. Esto no es el final de la historia del software de pago; es el principio de otra. Y la que viene no cobra por el programa: el software, el código y la soberanía serán del usuario.