La tienda online comparte la misma base de datos que la gestión. El catálogo, los precios, el stock y los clientes son los mismos que usa el resto de la empresa, así que no hay exportaciones, ni conectores, ni pedidos que se pierden entre dos sistemas.
Una compra online no es un acontecimiento aislado: nace un pedido de venta, se reserva stock en el almacén, se prepara el albarán, se factura y queda registrado en contabilidad.
Sin exportaciones ni conectores: lo que se vende online ya vive dentro del ERP, sin duplicar nada.
El comercio electrónico deja de ser una promesa y pasa a ser una parte más del flujo de gestión diario.
Lo que se muestra disponible es lo que hay en almacén, descontando lo ya reservado.
Una compra online es un pedido de venta con su albarán, su factura y su asiento contable.
Tarifas, descuentos y condiciones distintas para mayoristas, particulares o clientes registrados.
Pasarelas de pago habituales y transportistas integrados, con cálculo de portes y seguimiento.
Lo que cubre el comercio electrónico de Odoo cuando ya lo usas a diario.
Antes de lanzarte: el cuello de botella de una tienda online rara vez es la plataforma. Suele ser la logística de preparación y la calidad de las fichas de producto. Merece la pena resolver esas dos cosas en paralelo al desarrollo de la web.
Tener tienda online abre mercados a los que de otro modo cuesta llegar.
Clientes de otras provincias o países, pedidos fuera del horario comercial y una vía de entrada para quienes prefieren no llamar por teléfono. Todo ello sin montar una estructura paralela: quien prepara el pedido y quien lo factura son los mismos y trabajan en el mismo sitio.
El comercio electrónico es una de las piezas integradas en Odoo. El siguiente paso es el blog, publicado desde el mismo gestor.